Primero de noviembre. D铆a de todos los Santos.


13/11/2021

Introducci贸n

Me ha impresionado agradablemente el testimonio de Jos茅 Antonio, a prop贸sito de la reflexi贸n realizada en el cementerio en el d铆a de todos los santos.

Su manera de expresarse con claridad y desparpajo indica que es el coraz贸n el que habla y, por lo tanto, desprende autenticidad.

La autenticidad es de oro en los momentos importantes de la vida como es el caso de la despedida de los seres que amamos y un gran regalo y herencia que permanecer谩 durante toda la vida.

Dr. Antonio Hurtado P茅rez.

Medico de cuidados paliativos 谩rea IV Murcia.

Primero de noviembre. D铆a de todos los Santos.

 

No soy especialmente religioso. S贸lo la vida es tangible y lo 煤nico que sabemos que hay. Despu茅s puede haber algo. Quiz谩 s铆 y quiz谩 no. Pero si algo no dudo es que perduramos. Nuestro c贸digo gen茅tico, nuestros sentimientos, nuestros valores y nuestras formas de hacer se transmiten.

Hoy he acompa帽ado a mi madre al cementerio, y me ha hecho ver la gran cantidad de hombres que pasean silenciosos entre las tumbas de los suyos y que con su silencio expresan tanto sus sentimientos como el llanto amargo de las mujeres que se sientan frente a las sepulturas o arreglan los adornos florales.

Mi madre habla sin parar, e intenta ense帽arme de nuevo donde est谩n todos los familiares, puesto que alguien tendr谩 que limpiar las l谩pidas cuando ella no est茅, hasta que llegamos a sus bisabuelos, nacidos en la primera mitad del XIX seg煤n mis c谩lculos.

A modo de novela me relata la bondad de sus abuelos, la honestidad e inteligencia de mi abuelo paterno, el amor que sent铆a por su 鈥渟egunda madre鈥, ya que su madre verdadera muri贸 posiblemente por las penurias de la guerra en una ciudad destrozada por las bombas y el trabajo infatigable de mi abuelo materno para sacar adelante a una familia de seis hijos. Tambi茅n me ense帽a las l谩pidas de sus amigos ya fallecidos y la de mi t铆a Aurora que derroch贸 cari帽o para todos sus sobrinos y hermanos hasta que el pu帽etero melanoma pudo con ella.

Mientras, observamos a familias gitanas que rodean en tropel los monumentos levantados a los suyos honr谩ndoles con su compa帽铆a quiz谩 durante todo el d铆a.

Y llega la 煤ltima visita. Mi padre. Su marido. Su hombre, que la abandon贸 demasiado joven, con 80 a帽os, queri茅ndola tanto como siempre y como ella le quer铆a a 茅l. Cuando esperaban disfrutar de lo conseguido.

隆Qu茅 enfado tiene ella, qu茅 soledad! S贸lo puedo acompa帽arla. S茅 que su duelo no es complicado, puesto que tiene disciplina para hacer lo que debe y sabe que a 茅l no le gustar铆a que se hundiera. Adem谩s, est谩 convencida de que 茅l sigue con ella.

Pero yo me acerco a arreglar las flores, y aunque no puedo evitar una punzada de pena, toco la lapida y sonr铆o. Porque s茅 que le gust贸 su vida, porque s茅 que muri贸 tranquilo y le ayud茅, porque le acompa帽amos hasta el final y pudo sentir que casi todo lo hab铆a hecho bien. Y porque me transmiti贸 esa calma con cierta sorna: 鈥淭ranquilo hijo, esto de morir es f谩cil. No tengo m谩s que esperar鈥.

En un breve momento he repasado sus 煤ltimos d铆as, en los que disfrut贸 de sus nietos, hijos y esposa; he recordado sus miradas de orgullo por ser nuestro padre; el amor incondicional por sus nietos; sus abrazos de oso; nuestros interminables paseos de caza; el trabajo agotador en el campo y sus ense帽anzas acerca de la naturaleza, nuestra confusa adolescencia, que tambi茅n fue confusa para 茅l; y su alegre y constante presencia en nuestra ni帽ez.

Y aunque no sea muy religioso, s茅 que el vive en m铆. Y como mis abuelos y bisabuelos, seguir谩 perdurando durante generaciones, porque yo soy 茅l y mis hijos lo seguir谩n siendo. Y porque su huella es tan profunda, que tardar谩 en difuminarse entre muchas otras.

Y quiz谩 perdure, como las de los dinosaurios.

Jos茅 Antonio Mart铆nez Lozano

M茅dico de Familia. M茅dico Rehabilitador.

 



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